2007
oct 10

Mención especial merece aquel que nos descubrió “tímidamente”, con formas encubiertas propias de los años cincuenta, el valor y la importancia de que ostenta el nombre de nuestro grupo, de Enrique de Albret, nos referimos a Xavier Ignacio Uriz Goñi, que en 1.955, el programa festivo de la ciudad, lo ilustró con unas bonitas notas biográficas de “Un príncipe navarro nacido en Sangüesa”. En reconocimiento a ambos, a Xavier Ignacio y a Enrique, reproducimos íntegramente dicho artículo:

“Al que los franceses llaman Enrique de Albret, nosotros lo conocemos como Enrique de Labrit. Y es que Albret y Labrit quieren decir la misma cosa, Albret y Labrit son derivaciones corruptas de Lebret que significa tierra de liebres. Y Albret y Labrit se refieren a una región de Francia cuya raíz está en <Château d’Albret>
La Casa de Albret es conocida históricamente desde la mitad del siglo XI destacándose brillantemente a los largo de la historia medieval de Francia. De los Albret salieron militares, Condestables y Mariscales y sobre todo el Rey Consorte de Navarra, Don Juan de Labrit, casado con Doña Catalina de Foix Reina Propietaria del Viejo Reino. De este matrimonio nació precisamente Don Enrique de Labrit, entre cuyos descendientes relatan Enrique IV el Grande de Francia y Felipe V Rey de España desde 1700.

Por el año 1484 fueron solemnemente coronados en la Catedral de Pamplona los últimos Reyes de hecho de Navarra, Don Juan de Labrit y Doña Catalina de Foix. La Coronación de estos Monarcas fue sin duda la más esplendorosa de cuantas se realizaron en la Catedral de Pamplona, tanto por el elevado número de representantes de los tres Estados como por el lujo y la poma que la Corte de Navarra desplegó a lo largo del complicado y riquísimo ceremonial y particularmente por las circunstancias que habían demorado el acontecimiento, las cuales dieron mayor relieve y brillantez a la ceremonia por sí misma brillante y magnífica.
Doña Catalina y Don Juan comenzaron a gobernar en una época aciaga para la seguridad de Navarra. Castilla subía triunfalmente unida para siempre a Aragón en las personas de los Reyes Católicos, Y Navarra empequeñecida y entroncada con Francia por vías matrimoniales balanceaba su independencia ante las aspiraciones de Castilla y Francia, sosteniéndola difícilmente. Así llegaron los peores días del año 1512 y al fin Pamplona capituló, los Reyes Don Juan y Doña Catalina fueron destronados y el Viejo Reino quedó anexionado a Castilla transformado en un Virreinato.

Después de varios intentos de recuperación, fracasados todos ellos, los Reyes mantuvieron sus derechos; lo cuales fueron transmitidos íntegramente a Don Enrique de Labrit, hijo de los monarcas destronados personaje celebérrimo del siglo XVI, desventurado Príncipe y navarro orgulloso, que ni la imposición del César Carlos I de España y V de Alemania ni los ruegos de su cuñado el Rey Francisco I de Francia le hicieron ceder sus derechos al Trono de Navarra. Este detalle basta para reconocer su recia personalidad y lo retrata especialmente como navarro.

Don Enrique de Albret, Rey de Navarra a la muerte de su madre y conocido más por el título de Príncipe de Bearne, había nacido en Sangüesa el 25 de abril de 1503. Era entonces Sangüesa una ciudad de la época, con su castillo almenado y envejecido, iglesias románicas, conventos venerables, palacios renacentistas y murallas defensivas. Ciudad navarra confinante con Aragón y por tanto litigante eterna con aquel Reino. Ciudad de portales, rondas y atalayas. Ciudad linajuda y regia, paladina eximia de sus Reyes. Ciudad privilegiada por los mismos desde Alfonso el Batallador.

En Sangüesa nació Enrique de Albret en circunstancias bien tristes por cierto. Ocho días antes de su nacimiento moría su hermano Andrés Febo, de muy corta edad y jurado ya Heredero por los navarros. Los Reyes Don Juan y Doña Catalina sintieron mucho la muerte del Príncipe, que fue enterrado con toda solemnidad en el Monasterio de Leyre. Sangüesa y la Corte cambiaron rápidamente sus lutos por el alborozo de otro nuevo Príncipe de Viana, a quien apadrinaron unos santos peregrinos que llevaban camino de Santiago, los cuales le pudieron por nombre Enrique. Vino al mundo Enrique de Labrit llenando las esperanzas de todos los navarros, sus ilusiones, sus ansias, siendo idolatrado por todos ellos para quienes fue su Rey y Señor natural.

Sin embargo, Enrique de Labrit salía para el destierro a los nueve años acompañando a sus padres y a sus hermanas. En Francia quedó convertido en personaje de gran influencia para sus vastas posesiones y sus títulos de Bearne y Alensón. Allí gozó de gran reputación y de tratamiento real, vinculado más estrechamente a Francisco I, cuan éste le dió por mujer a su hermana Margarita, famosísima princesa, conocida con el nombre de Reina Margot.

De nuevo fracasaron todos los intentos de recuperación. Enrique de Labrit fue hecho prisionero cuando el Emperador venció en Italia a Francisco I. Pasó muchas penalidades y al fin pudo evadirse del Castillo de Pavía, y refugiarse en Francia.

Enrique de Labrit presenció tristemente la ruina práctica de la Monarquía navarra. Su amor hacia sus súbditos fue tal que les dejó pasar a la obediencia del Emperador para que fueran felices y les devolviesen todos sus privilegios y franquicias. Pero agotada la dinastía austriaca, a fines del siglo XVII fue precisamente su descendiente directo, Felipe V, quien reinó no solo en Navarra sino en España entera.”

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